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El gremio “pianistas” y el oído armónico

Escrito por Teresa Yáñez (copyleft noviembre 2012)

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Como colectivo, los pianistas “clásicos” somos con certeza quienes contamos con el oído armónico menos desarrollado de todo nuestro gremio. Nos da mil vueltas cualquier pianista de jazz, quienes tocan los teclados en un grupo de rock o pop, o aquél que acompaña boleros en un bar. ¿Cómo puede ser así, si nos pasamos 2 ó 3 años estudiando armonía, resolviendo intrincados ejercicios, escribiendo notas y números romanos, escrutándonos la cabeza para no hacer quintas paralelas...? ¿Y después no somos capaces de armonizar en el piano cualquier sencilla canción? Para que después nos pidan tocar algo y tengamos que responder: “no tengo nada en dedos”…

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Como contrapeso a esta carencia, y en parte como causante de ella, desarrollamos la noble capacidad –¡¡sí, en eso les ganamos!!– de leer cualquier partitura. Todo lo que nos pongan por delante: las bolitas que aparezcan, con su ritmo, su articulación, su dinámica, su fraseo. Yo acciono las teclas y aquello “suena”, y por lo general se trata de obras maravillosamente escritas, que realmente suenan bien. A este trabajo destinamos 10 o 15 años de conservatorio. ¡Qué más da si entendemos en profundidad el lenguaje armónico de aquello que el compositor se esmeró en escribir, para eso él se lo curró, que es el compositor...! nosotros nos tomamos el trabajo de leerla, al “pie de la letra”, de estudiarnos los pasajes difíciles, de que salgan parejas las escalas, de ser precisos en los saltos, de que los fortes no suenen golpeados....

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Desde que los intérpretes no componemos, no improvisamos y no realizamos habitualmente un “bajo continuo”, la educación se olvidó casi por completo del arte de manejar y de saber escuchar la armonía, lo que cobra aún menos sentido si pensamos que aproximadamente el 90% de la música que estudiamos durante esos años es música tonal, basada precisamente en ese lenguaje que, por otro lado, nos es tan familiar y conocido al oído. ¿Cómo podemos pasar tantos años escuchándola y tocándola, sin tener la curiosidad de saber exactamente cómo está organizada?

Naturalmente, cualquier músico serio domina esta herramienta. Es imprescindible para la memoria a largo plazo, pero sobre todo es una de las bases para tomar innumerables decisiones de interpretación. Y no digamos en el ejercicio de hacer música en conjunto. Aparte de ir a tempo, estar atentos a las decisiones de nuestros interlocutores, conocer el registro y dinámicas de sus instrumentos, seguirlos, cazarlos y demás gajes del oficio :-), el hecho de saber si en un momento dado la nota tocada por el instrumento melódico es la tercera del acorde −que define el modo y donde puede haber tanta sutileza en la afinación− o si toca la séptima –y, por tanto, una disonancia− mientras nosotros estamos en una apacible primera inversión, o si nosotros creemos estar tocando un acorde disminuido pero ¡ay! el violín tiene allí arriba la fundamental de una séptima de dominante, todo ello nos puede ayudar a tomar decisiones importantes para alcanzar una interpretación de mayor calidad.

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Todo lo que acabamos de decir debería ser, para cualquier músico, un conjunto de obviedades. Pero la realidad es que no es así. Y todo ello porque, durante generaciones, la formación del oído –y especialmente el entrenamiento del oído armónico− se ha descuidado profundamente en la educación oficial de los músicos “clásicos”.

Actualmente, la legislación en muchos países se está haciendo eco de esta necesidad, pero a menudo con graves incoherencias curriculares y sin abordar en profundidad los problemas estructurales implícitos en cualquier cambio de paradigma, empezando por el más obvio: la necesidad de formar a un profesorado especializado.

Por su parte, muchos conservatorios, escuelas de música y personalidades de relieve en el mundo de la educación musical van encaminando esfuerzos para que los estudiantes recuperen estas habilidades que en el pasado eran una parte esencial del oficio del músico. Porque debería tratarse de eso: de una parte de nuestro oficio. Lo que significa, durante toda nuestra formación, tener transversalidad total entre las asignaturas de piano, armonía, repentización, armonía al teclado, música de cámara y acompañamiento del canto.

Pero mientras esperamos que se haga realidad esta utopía, a nivel institucional y colectivo, podemos empezar con nosotros mismos. Con nuestro entorno. Con nuestro trabajo individual. El futuro se construye paso a paso, clase a clase… ¡Queda tanto por hacer, en ese mundo maravilloso que es la enseñanza!

Alambradas sonoras

Escrito por Luca Chiantore (octubre 2012)

Circula desde hace tiempo en internet esta imagen. Una imagen excepcional, que deja sin aliento. 

Una foto entre otras. Es de un fotógrafo italiano que no conocía, Stefano Pisano. Hay otras óptimas fotos suyas en Flickr y en Ipernity y este post está ilustrado con algunas de estas fotos. El autor la ha titulado, en inglés, NotesAlambrada y notas. Menuda pareja. Notas que convierten la alambrada en una especia de pentagrama: una alambrada de notas, o quizás una música que se adueña de una alambrada. Desde luego, una imagen inquietante que se abre a muchas interpretaciones.

 

No sé qué evoca en vosotros. Yo sé que inmediatamente se entrecruzan en mi mente tres posibles lecturas, fuertemente contradictorias entre sí. Tres maneras de pensar elrol de la música en este mundo contemporáneo.

  1. La música que tantas veces es capaz de dar consuelo y sentido a la existencia incluso en realidades tan duras como las que asociamos a una alambrada.
  2. La música que tantas veces -demasiadas veces- es usada para separar: para separar culturas, pueblos, identidades.
  3. O quizás justo lo contrario: la música que sabe situarse justo en la frontera, incluso en la más intransitable, creando puentes ya con el solo hecho de demostrar que se tiene algo en común, algo mucho menos manipulable, desde las instancias del poder, que las leyes, los marcos educativos, la religión, o el idioma.

Sinceramente, no sabría con cuál quedarme, porque las tres realidades son ciertas, y esa foto las contiene todas, simultáneamente. Sólo por esto, ya valdría la pena quitarse el sombrero ante el artista que la ha creado.

Pero el enigma no termina aquí. Ante esa imagen todos nosotros pensamos inmediatamente en el concepto de “música”, pero allí no hay música: hay notación. Símbolos que por una convención compartida relacionamos con sonidos, pero símbolos, al fin. Símbolos, y no sonidos reales. Y la alambrada la observamos de uno de los dos lados: del otro, ya no estaríamos viendo lo mismo, ya que todos los símbolos se nos presentarían de forma especular. Si fueran sonidos, todos escucharían lo mismo, de uno y otro lado de la alambrada. Pero no es así, porque son símbolos. Símbolos cuyo significado, por otra parte, hemos aprendido formándonos en una cultura determinada: si se tratara de notación musical japonesa, ni tan sólo habríamos sospechado de que se trataba de una alusión a la música.

Y es allí cuando la imagen de la alambrada se impregna de otra posible lectura, no menos inquietante. Parece la foto de una alambrada insólitamente convertida en un pentagrama, pero… ¿no podría ser un pentagrama presentado como si se tratara deuna alambrada? ¿No podría ser la notación el verdadero tema de la foto, y la alambrada un grito de alarma ante las tantas barreras que se han creado, una y otra vez, en el momento de confundir el sonido con esos garabatos atados a un pentagrama? Un fenómeno, este último (al igual que las alambradas, mira por donde), que es propio del siglo XX: una de sus más pesadas herencias, en lo que a música se refiere.

Música y notación. Otra compleja relación. Y es cuando la foto nos invita a preguntarnos: ¿No será la notación, más que la música, lo que tantas veces separa realidades que bien podrían convivir e integrarse con naturalidad? Música clásica y música popular, composición e interpretación, obra escrita e improvisación son parejas que a lo largo del siglo XX han vivido una larga época de desencuentros, incomprensión y falta de entendimiento: enfrentamientos que en más de una ocasión han convertido la notación en un verdadero campo de batalla.

Hoy los signos de esperanza no faltan. Se suceden las propuestas que buscan nuevos cauces de comunicación y las vallas parecen ya oxidadas y caducas. Pero es ahora cuando hacen más daño, si no las vemos venir. Y por ello es importante saber que están, y de dónde proceden. Porque, en el fondo, son un fenómeno reciente: gente como Beethoven, Mozart o Bach jamás habrían sabido orientarse en medio de esas alambradas, erigidas mucho tiempo después allá donde ellos transitaban libremente.

Y una última observación: el cielo. En Occidente, estos nubarrones los vinculamos inevitablemente con malos presagios. Pero no así en otras partes del planeta: en el cine indio, por ejemplo, son promesa de lluvia, de esa ansiada lluvia que es vida y fertilidad. Y por tanto siempre son vistos en clave de esperanza. Nuevos matices posibles para una foto tan abierta a lo que sepamos ver en ella. Parece una obra de Bach, tan diversos son los caminos que pasan por ella.

Monet: gesto y mirada

Escrito por Luca Chiantore (septiembre 2012)

GrandiosoClaude Monet en 1914, pintando ante una cámara. Nada que ver con la música, ya lo sé, pero esto hay que verlo (y, una vez más, es fácil, gracias a Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=fnOCI8MUmbw&feature=youtu.be). El gran Monet, el hombre capaz de convertir sus cuadros en otras tantas demostraciones empíricas de que la barrera entre forma y color es pura ilusión, el único hombre capaz de ser a la vez fundador y epígono de un movimiento artístico de alcance histórico... aquí está, de pie ante nosotros. Traje claro e impoluto (y te preguntas: ¿no se manchaba al pintar?), su inseparable cigarrillo (idem: ¿y la ceniza?), y sobre todo el gesto: un gesto rápido y certero, pero a la vez anodino, casi impersonal. La pincelada menos filosófica que uno alcanza a imaginar. No hay contemplación ni reflexión: sólo el gesto de alguien que en cada momento sabe adónde poner el pincel, incluso antes de que la tinta llegue al lienzo. Brutal. E interesantísimo de comparar con otros documentos de esa época: si os interesa el tema, no os perdáis a Renoir, del que existe otro increíble video, y también a Rodin, a quien vemos cincel en mano esculpiendo con un gesto de los que no se olvidan.

blogmonetAunque la cámara, todo sea dicho, no nos lo cuenta todo. Y hay algo que jamás sabremos:¿cómo miraban, esos hombres? ¿Cómo miraba, en particular, Monet? La magia de sus cuadros es la magia de alguien capaz de ver el color, la luz, la forma de un modo que no conocíamos antes. Y entonces me pregunto: ¿ese giro de la cabeza que vemos en las imágenes, sorprendentemente amplio, adónde apuntaba? Porque el secreto de Monet, estoy seguro, residía en cómo miraba el mundo, en lo que veían sus ojos y en cómo lo veían, y eso jamás lo sabremos. Pero el video sí documenta de forma muy clara sus gestos corporales, y esos gestos me llaman poderosamente la atención. Monet habría podido perfectamente reducir el movimiento de su cuerpo con tan sólo reorientar el lienzo. En cambio no. Parece como si necesitara esos casi 90º para evidenciar la separación entre dos tipos de percepción: la captación de la información y su reconversión en obra de arte. Como si se tratara de girar la cabeza hacia la derecha para observar cada vez un detalle diferente (y me lo imagino desenfocando mentalmente todo lo demás), para luego, a continuación, reorientarla hacia el lienzo y así poder llevar ese mismo detalle hasta su obra. Y así adelante, detalle tras detalle, pixelando la mirada y recomponiendo el conjunto a partir del detalle.

Y es entonces cuando pienso en la música, y no sólo en la composición (ay, ¡cuántas similitudes!), sino en la propia práctica de la interpretación. Nos gusta pensar en el “arte” y en sus “artistas”, hablamos de talento y de predisposición natural, pero la realidad es que el día a día de un intérprete no es otro que “oficio”. Un oficio que debemos aprender y conocer en profundidad para poder llegar a la necesaria libertad. Hay que saber qué se quiere contar, hay que saber cómo contarlo, y hay que ponerse a contarlo, pacientemente, paso a paso. Para nosotros, como para Monet, ponerse manos a la obra significa seleccionar, dedicar cada minuto que tengamos a disposición a la tarea de acercarnos a nuestro objetivo. Y es allí donde el gesto de Monet, con ese pincel que se mueve tan rápido sobre el lienzo, me hechiza: un gesto fascinante precisamente por su obviedad, por la naturalidad casi descuidada que desprende, que no es otra sino la de alguien que lleva toda la vida repitiendo ese gesto.

Porque el secreto, evidentemente, no está en ese gesto, sino en la mirada previa: en la definición de lo que se desea ver brotar en ese lienzo. Y visto así, este documento parece una verdadera clase magistral para pianistas. Buscar un sonido e ir a por él, detalle tras detalle: eso es estudiar el piano. Y la diferencia entre un verdadero gran intérprete y un estudiante todavía en formación está en la diferente capacidad de convertir en sonido todo lo imaginado. Hemos de conocer lo mejor posible nuestros medios físicos, por supuesto. Pero el objetivo es trascenderlos, y para trascenderlos hay que mirar más allá: hay que encontrar el paisaje hacia el que dirigir nuestra mirada, y volver la cabeza hacia allí, una y otra vez. Eso sí: a diferencia de lo que sucede con la pintura, los paisajes y los modelos de la música no están en el mundo físico, sino dentro de nosotros, en nuestra imaginación. Y hacia allí hacia donde tenemos que mirar, detalle tras detalle, y a partir de esa información llenar nuestro lienzo sonoro. Porque esto es oficio. Como lo es el de aquellos que nos han precedido. Como lo fue en su día el de Miguel Ángel o de Velázquez. O el de Monet: aquí está.

Personalidades...

Escrito por Luca Chiantore (copyleft septiembre 2012)

No sé cuántos de vosotros háyais visto este video: Martha Argerich y Lang Lang (nada menos) tocando Ma mère l'oye de Ravel. Música maravillosa, una toma impecable, la presencia inconfundible de Martha que resulta siempre tan magnética... Sin embargo, esta vez, algo parece no funcionar. Todo lo acabada que resulta esa obra cuando Martha la interpreta junto a Nelson Freire, se vuelve aquí extrañamente asimétrico. Quién ha frecuentado los cursos de Musikeon sabe que aquí no tenemos especiales prejuicios contra Lang Lang, que en ocasiones nos parece marcar interesantes caminos para que la música clásica se llene de aire fresco. Y por supuesto, qué duda cabe, Martha nos vuelve locos, a todos, siempre. Por ello este video resulta, de algún modo, desconcertante. Por una vez, y en más de un momento, Martha parece no encontrar la forma de amoldarse a los arrebatos de su joven partner (y tan joven que era: el video es de 2007), a su rubato, a sus imprevisibles cambios de sonoridad.

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Uno puede salir al escenario casi sin estudiar (en el Festival de Verbier sucede a menudo), y aún así tocar de maravilla, convertiendo esa misma falta de ensayos en una ocasión para dejarse llevar y encontrar una magia quizás inalcanzable de otro modo. Y es cierto que es objetivamente difícil conseguir una perfecta conjunción y el adecuado balance tocando a cuatro manos, si los dos componentes del dúo no están acostumbrados a tocar juntos. Pero aquí todo fluctúa de tal manera que no sabes bien qué pensar.

¿Hace falta todo ese rubato a gran escala en la simplicidad inmóvil de la "Pavane de la belle au bois dormant"? ¿De verdad hace falta? Pienso en esa "bella durmiente" que da título a la pieza y presiento un peligro... sí, lo huelo en el aire... ¡que se nos va a despertar! O algo peor... ¡va a tener pesadillas! Sí, eso, eso: seguro la pobre muchacha estará soñando viéndose perdida entre las olas del océano. Uff... ¡100 años durmiendo en medio de oscilaciones acuáticas! A ver si el día que la bese el príncipe azul su estómago no va a darle una sorpresita, después de tanto mareo...

Justo a continuación llega "Le petit poucet", y el rubato alcanza nuevos récords. "Le petit poucet": Pulgarcito. ¿¿Pulgarcito?? ¿¿Pero no era un niño, Pulgarcito?? ¿¡Quién le ha servido una copa!? Porque aquí nuestro héroe se ha pasado con el alcohol, no hay duda.

Y ya no hablemos de la bella y la bestia. Curiosa historia de amor, la verdad, se está viviendo hoy en ese castillo... Porque "dar miedo", lo que se dice miedo, esta bestia no lo da. Tan sofisticada, caprichosa, con su calibrado toque de humor. Ah, tal vez sea eso: la bella se está enamorando de la bestia porque el tipo es simpático. Es lo que dicen, ¿no?: si eres divertido ligas más...

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Este video sigue así durante 15 minutos. 15 minutos de deliciosas sonoridades, algunos maravillosos fraseos, una gesticulación que daría para un post a parte, y una innegable sensación de que los dos lo están pasando muy bien (Lang Lang, seguro; ella... quién sabe, aunque sus miradas y sus sonrisas te desmontan). Sin embargo, mi sensación es que están viviendo mundos que musicalmente se buscan todo el rato sin encontrarse. Algo que, dicho así, podría ser incluso interesante, si finalmente el resultado estético acabara en algún lugar. No sé: un Ravel pasado por el prisma de Ives. O dar forma a una "polifonía de las emociones" como la que Milan Kundera vio en las obras deJanacek. O proponernos una fragmentación tímbrica que nos haga pensar en Messiaen. Cosas así. Pero yo, por mucho que busque, esto aquí no lo encuentro.

Quién sabe, a lo mejor algún día seremos capaces de construir un discurso crítico sobre algo así, y diremos que ése era el paso que la historia de la interpretación tenía que dar. En su día (hacia 1920) también se habló de Artur Rubinstein como de un pianista mecánico y sin expresión, y veinte años después su cantable se había convertido en el paradigma del sonido pianístico. Pero hoy no puedo hacer otra cosa que pensar en la cantidad de maravillosos pianistas, muchos de ellos no tan conocidos, que habrían podido estar sentados allí tocando con Martha ese día. Pianistas que habrían estudiado mil veces más que Lang Lang, habrían ido mil veces más a tempo, habrían tocado con una gesticulación mil veces más comedida, se habrían preocupado mil veces más de ajustar su interpretación a la de Martha... Y que tomando ese camino, casi seguramente (quizás no todos, pero muchos de ellos) habrían acabado por desaparecer, abducidos por la personalidad de ella, por el sonido de ella, por el fraseo de ella, convirtiendo aquella interpretación en una interpretación totalmente convencional que jamás me habría llevado a escribir este post.

Porque no nos engañemos: hace falta una personalidad como una catedral para subirse con 25 años al escenario de Verbier en directo para TV, tocar esto casi sin ensayar, hacerlo al lado de Martha Argerich, y aún así seguir siendo tú mismo. Bastaría este video para que nadie tenga dudas al respecto: Lang Lang ha venido para quedarse.

Cortotshima, una isla para un pianista

Escrito por Luca Chiantore (copyleft septiembre 2012)

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En el transcurso de la que fue su única gira de conciertos en Japón, en 1952, Alfred Cortot quedó especialmente fascinado por la belleza de las islas de Atsushima e Hibikinada, situadas en el suroeste del país, no muy lejos de Nagasaki y cerca de la ciudad de Shimonoseki. Había sido alojado en un ryokan en la localidad de Kawatana, justo en frente de las islas, y, tras conversar con las autoridades locales, éstas llegaron a ofrecerle gratuitamente la propiedad de la isla de Atsushima. El gran pianista francés sopesó la posibiidad de fijar en ella su residencia permanente, y algunos propusieron rebautizar la isla con su nombre: “Cortot-shima” (“shima” significa “isla", en japonés).

Tras regresar a Europa, Cortot (que tenía entonces 75 años) habló con entusiasmo de esa propuesta y del cariño que le habían mostrado en Japón. Pero su salud fue empeorando, y jamás volvería a ver “su” isla. En Japón, sin embargo, no se han olvidado de él: el nuevo auditorio de la ciudad de Shimonoseki, acabado en 2010, lleva su nombre. Una “Sala Cortot” mirando a la “Isla Cortot”.

 

(la idea de este breve post me ha llegado de esta foto que he encontrado en el timeline de Facebook del siempre ingeniosísimo Luca Ciammarughi: grazie Luca!)

El piano, un instrumento del futuro

Escrito por Luca Chiantore (copyleft septiembre 2012)

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LONG WALK, el nuevo disco de Francesco Tristano, ya está aquí. Obras de Buxtehude, Bach y del propio Francesco, en una grabación sensacional de Deutsche Grammophon, producida por el propio Francesco Tristano y en la que desde Musikeon estamos especialmente honrados de haber participado tan directamente, con la elaboración del texto del librillo y las traducciones correspondientes.

Un lujo, realmente, estar presentes en este disco. Mañana es el gran día: el disco empezará a distribuirse a escala internacional. Y estamos muy expectantes para saber qué opinarán músicos y melómanos de este proyecto formidable, experimental de principio a fin, tanto en la elección del repertorio como en la técnicas de grabación y en la propia actitud interpretativa, con una relación flexible ante la partitura que abre fascinantes caminos para el futuro.

El lanzamiento está acompañado de dos videos especialmente fascinantes. Música, imágenes y palabras para reflexionar y disfrutar. ¿Habéis visto esto? Ánimo, que vale la pena (ojalá así fueran todas las penas...) ;-) 

Y aquí está otro, un ingenioso montaje audiovisual a partir de la Canzona BuxWV 168. No uno ni dos Francescos, sino... tres!! Tres voces en una sola imagen, entrando y saliendo.

Cuánta música maravillosa nos espera. Y para más reflexión, nuestro post anterior, con parte del contenido de su entrevista para el número de la revista Scherzo del mes de septiembre. Una delicia de principio a fin. 

http://musikeoncursosdepiano.net/index.php/2012-07-12-17-29-16/27-francesco-tristano

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"No quiero límites en la música"

Escrito por Luca Chiantore (copyleft septiembre 2012)

Francesco Tristano, a quien tanto queremos en Musikeon, protagoniza el número de septiembre de la revista Scherzo, coincidiendo con la salida al mercado de su último disco, Long Walk. La entrevista que le dedican nos ha parecido tan interesante como para dedicar un post a ella, reportando algunas de las frases más interesantes. Para disfrutar y reflexionar.

 

“Siempre me ha atraído la improvisación y desde que comencé a tocar el piano, con cinco años, he sentido la necesidad de inventar, de crear e improvisar, de ir más allá de la partitura.

(...) En mi casa, crecí escuchando música clásica, pero también a Pink Floyd, porque a mis padres también les encantaba el rock y el jazz. Y también escuchaban músicas de India y África.

(...) Por fortuna, no he tenido maestros convencionales. Emile Naoumoff, que fue el último alumno de Nadia Boulanger, siempre me decía que no dejara nunca de componer e improvisar.

FTNight(...) En 1998 decidí continuar mis estudios en Nueva York, donde pasé cinco años maravillosos. Y la ciudad fue mucho más importante para forjar mi personalidad musical que las enseñanzas que recibí en la Juilliard School. La energía de Nueva York, el ambiente cultural, los locales y galerías donde se palpa la creación, la renovación, la experimentación, la posibilidad de conocer a músicos como Brubaker y los grandes minimalistas con los que mantengo una estrecha relación artística desde entonces...

Francesco Tristano en concierto en Hanoi, 2012

(…) Cuando llegué a la Juilliard School, mi bagaje era superior a la medida norteamericana porque en mis estudios siempre me ha interesado más la música que el simple virtuosismo (...) Mi nivel de lectura y escritura, mi sólida educación en solfeo y entrenamiento auditivo, eran superiores a la media de la Juilliard que, no nos engañemos, no deja de ser una escuela convencional y conservadora en sus planteamientos educativos. De primerísimo nivel, pero conservadora. De hecho, Ravel, Prokofiev y Stravinski es lo más moderno que enseñan. Y claro, todos acaban tocando lo mismo y tocándolotodo igual.

FTFlying(...) Es una pena ver cómo en la música que hoy llamamos clásica se ha perdido la capacidad de improvisar. De hecho, separar de forma tan drástica la interpretación de la creación no es natural. La historia de la música está llena de intérpretes que también eran compositores: Mozart, Beethoven, Liszt, Brahms... la lista es inmensa. Tocaban obras de otros autores y también tocaban sus propias partituras. De una forma natural. Ha sido la industria del sonido grabado la que ha fabricado la gran figura del intérprete como motor de la actividad musical.

FTLongWalk(...) Buxtehude es un músico deslumbrante, único y fascinante, y entiendes por fin por qué Bach decidió aprender de él todo lo que necesitaba para construir los cimientos de su propio lenguaje. (...) Viene todo de él. La serie de variaciones sobre La capricciosa fue el modelo tomado por Bach para escribir las Variaciones Goldberg y de hecho incluye una cita de La capricciosa en la última variación. Con estas obras, y con mi propia música, recreo en el disco una idea musical que ya tiene 400 años y de nuevo es un viaje al encuentro de Bach y sus raíces pero de una moderna concepción del sonido.

(...) Realmente hay que replantear muchos aspectos del hecho concertístico, porque el formato convencional es demasiado rutinario y así es difícil llegar a un público joven acostumbrado a otras formas de disfrutar la música en vivo. Por eso ha resultado tan estimulante el concierto que ofrecí junto a Carl Craig y Moritz von  Francsco Tristano & Carl CraigOswald el pasado mes de julio, el primero de música tecno que se ha celebrado en un templo clásico como la Staatsoper de Viena y en el marco de un festival que ha rendido homenaje a uno de los compositores y teclistas que más admiro, Joe Zawinul, un músico visionario.

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(...) Volvemos al tema de las etiquetas: el minimalismo, por ejemplo, existe antes de ser una etiqueta musical. De hecho, yo concibo los preludios de Bach como música minimalista, con un movimiento perpetuo y algunas modulaciones. (...) Bach es mi gran referente, una pasión y una de mis fantasías es grabar toda su obra para teclado. Creo que podría pasarme toda la vida tocando Bach.

(...) Mis preferencias se decantan por los grandes clásicos del siglo XX. Toco los conciertos de Bartók, Ravel, Prokofiev y Shostakovich. Pero lo que verdaderamente me gusta es la música contemporánea. Me encantan, por ejemplo, las obras de Justin Messina o Pascal Dusapin. Es un repertorio en el que me siento cómodo. 

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(...) También me encanta la música de Luciano Berio y disfruté mucho llevando al disco su obra para piano en un álbum que, gracias a las licencias discográficas, tiene ahora nueva vida comercial en una reedición de un sello japonés que, fíjese lo que son las cosas, fue seleccionado hace unas semanas por una emisora de Nueva York que, claro, rápidamente quiso entrevistarme y tuve que decirles que estaba encantado con la buena aceptación que estaba teniendo el disco, pero que se trataba de un disco que grabé en 2005, o sea, que de novedad nada. 

(...) No hay que subestimar al público, al contrario, compruebo en cada concierto que el público se deja sorprender, siempre que la propuesta sea sincera. No se puede grabar el mismo repertorio una y otra vez. ¿Cuántas versiones más de las sinfonías de Beethoven hacen falta? De verdad, hacen falta nuevas ideas en la programación, en el formato de los conciertos, en el contacto con el público, en las nuevas reglas de la edición musical. 
 

(...) Creo que el futuro del piano pasa por devolverle la capacidad de fascinar como fuente de sonidos. El futuro del piano, los teclados, los sintetizadores, no es otro que buscar espacios para la fantasía, para una nueva percepción del sonido. Hay que devolver al piano su estatus de instrumento del futuro.”

 

Luca Chiantore

¿Preparados?... ¿Listos?... ¡¡Ya!!

¡El nuevo blog de Musikeon ya está en marcha!

A partir de hoy, textos, noticias, grabaciones y enlaces en torno al piano. Una mirada diferente sobre la música que amamos, para ver dentro de ella... como si fuéramos el hombre de esta foto mirando dentro de sus cuadros!! (para quien tenga curiosidad, se trata de una foto del pintor y fotógrafo holandés Teun Hocks... simpática, ¿verdad?)

Seguiremos en contacto, pues. Y pronto volveremos aquí, con un post muy jugoso...

¡¡Que paséis todos un feliz día!!