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Seis razones por las que hacer un doctorado (III)

Escrito por Luca Chiantore (agosto 2013)

Tras dos posts dedicados al prestigio, a las salidas profesionales, a la importancia de la investigación y al placer que ésta sabe proporcionar, llegamos hoy al final de nuestro recorrido en busca de posibles razones para cursar unos estudios de doctorado. Y lo hacemos con dos puntos que tienen un especial sentido precisamente en el caso de la investigación artística y de un doctorado en música práctica, como el que desde Musikeon estamos presentando. Personalmente, hay en este post mucho de aquello en lo que más creo.

 

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RAZÓN Nº 5: CONVERTIRSE EN AUTÉNTICOS “ESPECIALISTAS”

Unos estudios de doctorado suponen dedicar varios años de nuestra vida a un único tema. Por muy ramificado que éste sea, por muy relacionado que esté con otras áreas del saber, nuestra tesis debe tener un objeto acotado y una hipótesis muy clara, si no queremos vagar a ciegas y no llegar a ningún lado, y el resultado no puede ser otro que una “especialización”: nos convertimos en especialistas del tema al que hemos dedicado nuestra tesis doctoral, que monopoliza nuestra actividad durante años. Y no se trata, obviamente, de una cuestión puramente cuantitativa: en hecho de tener que seguir una metodología precisa nos obliga a afinar nuestras herramientas para que nuestra propuesta sea original y convincente.

Todo ello tiene una especial trascendencia si lo aplicamos al mundo de la música práctica. Un doctorado en música supone un estímulo para buscar nuevas perspectivas, yendo más allá de lo que otros han hecho en la misma área del saber. Si nos interesa -pongamos un ejemplo- el piano de Granados, no bastará con estudiarnos su obra completa: habrá que mostrar facetas específicas, desarrollar habilidades concretas, abordar la interpretación de su obra con un enfoque determinado y argumentado. Entonces sí podremos hablar de una "tesis sobre Granados". Y esto se hará también a través de un texto explicativo, pero sobre todo a través de la interpretación.

Tal vez desarrollando nuestra faceta de improvisadores (probablemente partiendo de las improvisaciones grabadas por el propio Granados), o quizás buscando una interpretación no tan contrastada dinámicamente como las que actualmente se suelen proponer y en cambio especialmente atenta a la dimensión agógica (en la línea de las grabaciones del propio Granados), o evidenciando las asimetrías formales, o los ritmos de danza, o las herencias de la música de salón, o algún otros de los tantos aspectos que confluyen en su lenguaje.

En cualquier caso se tratará de crear una forma única y personal de movernos en nuestro entorno, de tener algo exquisitamente nuestro que ofrecer a nuestro público y a nuestros alumnos. Algo que defina nuestra propia identidad de músicos y de miembros del mundo de la cultura.

 

RAZÓN Nº 6: DISEÑAR NUEVOS CAMINOS PARA LA MÚSICA

De lo que acabo de decir en el punto anterior se llega directamente al que para mí es el punto clave, sin duda el más fascinante de todos. Si el doctorado supone investigación, y la investigación es por definición una búsqueda de lo que no se conoce, el resultado de cualquier tesis debería ser una ampliación de las fronteras que actualmente enmarcan el ámbito en el que desarrollamos nuestra actividad artística y docente. Una tesis en música es una aportación al mundo musical, y por muy pequeña que sea esta aportación, ese mundo musical ya no es el mismo a partir de entonces. Así debería ser, por lo menos. Una tesis aporta nuevo conocimiento, y si aquí hablamos de un doctorado en música práctica, esa aportación tendrá que ver con nuevas formas de hacer música.

aveiro4Quién me conoce y ha seguido mis escritos, mis conferencias y mis cursos, especialmente los más recientes, sabe cuán sensible me siento ante el futuro de la música que más amo, la música clásica de tradición europea. Precisamente en este campo, la investigación es fuente de esperanza y optimismo para el futuro. Y no estoy hablando, por supuesto, de que la investigación nos ayude a entender mejor “cómo hay que tocar”, sino de lo contrario: de que nos ayude a romper la idea según la cual existe una manera de tocar más “correcta” que otra, más cercana a algún supuesto “original”. Frente a la idea de una interpretación supuestamente inspirada en una “fidelidad a la partitura”, en el “respeto de la voluntad del compositor” o en un supuesto “estilo de la época”, el doctorado impone un inmediato, radical y esperanzador cambio de perspectiva. Si creemos que este cambio es necesario y queremos contribuir a ello, el doctorado es un espacio ideal. Un espacio que nos habla de creación de conocimiento, de cultura compartida, de una actividad artística capaz de incidir en nuestra sociedad y transformarla.

Los lectores habituales de este blog habrán fácilmente intuido cuán importante es para todos, en Musikeon, esta forma de enfocar las cosas. Lo que no quiere decir que en la decisión de cursar un doctorado no pesen también otros muchos alicientes, con toda legitimidad: razones como las que comentamos en otros posts de esta serie, las que encabezaban nuestra lista de seis razones. Pero está claro que nuestro interés (y el mío personal, desde luego) se incrementa exponencialmente a medida que nos acercamos al dinal de la lista. Si no fuera por estas dos últimas razones, de hecho, yo no me hubiera embarcado en este proyecto, que tiene ahí precisamente su razón de ser. Personalmente, no imagino razones más nobles y fascinantes que aquellas que protagonizan este post. Sólo espero que existan estudiantes dispuestos a acompañarme en esta aventura. ¿Quién se anima?

 

N.B. Este post forma parte de una serie de textos escritos en agosto de 2013 con ocasión del convenio que Musikeon ha suscrito con la Universidad de Aveiro. A continuación, están los enlaces correspondientes a toda la serie y la página dedicada a dicho doctorado en la página web de Musikeon:

 

 

Seis razones por las que hacer un doctorado (II)

Escrito por Luca Chiantore (agosto 2013)

Ayer hablábamos de razones para un doctorado, y lo hacíamos partiendo de dos aspectos muy ligados a la dimensión curricular y al prestigio que suele tener el alcanzar la más alta titulación académica. Hoy seguimos con otras dos razones, pero de índole muy distinta y, desde mi punto de vista, enormemente más fascinantes.

 

RAZÓN Nº 3: PARA FORMARNOS COMO INVESTIGADORES

doctorado11pianobooksEl doctorado es inseparable del concepto de investigación. Y lo es también en el caso de los que, sobre todo en los Estados Unidos, se suelen denominar “doctorados profesionales”, como es el caso del DMA para los músicos. Una investigación que debe ser entendida tal como el mundo universitario la concibe: una aportación al conjunto de la comunidad académica. No se trata, por tanto, de enriquecer nuestros propios conocimientos, sino de enriquecer el mundo artístico con nuevos enfoques, nuevas herramientas, nuevas propuestas estéticas.

La investigación es una actitud, no sólo un medio para alcanzar determinados objetivos. Y es, en muchos sentidos, una actitud que choca con la tradición didáctica cultivada mayoritariamente en los conservatorios durante estos últimos doscientos años. Dediqué el año pasado una conferencia entera a este aspecto, hoy accesible en las actas del Congreso de Educación e Investigación Musical CEIMUS II, donde recordaba que para un intérprete clásico la investigación representa un reto de alcance histórico. La investigación supone abrirse a lo nuevo, a lo improbable, a lo que nadie ha hecho jamás: precisamente lo contrario de la reiterada imitación de unas pautas interpretativas avaladas por la tradición. Y formarse como investigadores supone saber cómo moverse en busca de alternativas sólidas y argumentadas a aquello que hoy se considera como aceptado y compartido por la comunidad en la que nos movemos. Un reto siempre fascinante para cualquier investigador, pero doblemente atractivo cuando hablamos de investigación artística, un terreno en el que tanto queda todavía por hacer y por escribir.

 

RAZÓN Nº 4: EL PLACER DE INVESTIGAR Y DESCUBRIR

¿Hay aliciente más fuerte que el placer de hacer lo que más nos gusta? Probablemente sí. Pero es cierto que el goce personal es un motor de largo recorrido. E investigar es una realidad que puede dar sentido a una vida entera. Dar sentido y aportar momentos de auténtico placer.

Me alegro mucho cada vez que oigo comentarios acerca del “placer” y de la “emoción” con la que otros leen mis libros; pero si es así, esto es tan sólo el eco del placer y de la emoción con la que yo mismo viví la redacción de aquellas páginas y sobre todo las investigaciones previas que condujeron a tener algo que contar. Las muchas horas pasadas entre los libros del siglo XVIII y XIX de la Library of Congress de Washington o la Bibliothèque Nationale de France para la preparación de mi Historia de la técnica pianística, o los días pasados escudriñando milímetro a milímetro los microfilms que incluyen los ejercicios técnicos de Beethoven los asocio a la sensación de un placer infinito, imposible de describir con palabras.

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Pero no menos fascinante resulta la investigación cuando se hace desde la música práctica, y de nuevo no puedo hacer otra cosa que partir de vivencias personales: las experiencias recientes vividas junto a David Ortolà, y en particular el proyecto Tropos, que ha ocupado los últimos diez meses de mi actividad como pianista, ha sido fuente de momentos inolvidables, dentro y fuera del escenario. Porque es siempre emocionante tocar en un templo de la música como es el Teatro Colón, pero lo es de un modo especial cuando lo que compartes con el público es una aventura estética en la que confluyen años de búsquedas e inquietudes que el público percibe inmediatamente como una propuesta nueva e imposible de comparar con ninguna otra.

Como ya sucedía en el caso de las dos razones comentadas en el post anterior, cada persona tiene su propia forma de vivir cada uno de estos alicientes: no todos tienen por qué tener la misma importancia ni la misma intensidad en cada uno de nosotros. Pero ahí están, a conformar un complejo abanico de realidades. No cabe duda de que las que acabo de describir las siento muy mías. Pero nada comparado con todo aquello de lo que hablaré mañana. Así que… 24 horas más, y volveré. ¡Hasta muy pronto!

 

N.B. Este post forma parte de una serie de textos escritos en agosto de 2013 con ocasión del convenio que Musikeon ha suscrito con la Universidad de Aveiro. A continuación, están los enlaces correspondientes a toda la serie y la página dedicada a dicho doctorado en la página web de Musikeon:

 

Seis razones por las que hacer un doctorado (I)

Escrito por Luca Chiantore (agosto 2013)

En los días anteriores he hablado de muchos temas relacionados directa o indirectamente con los doctorados en música. Pero una pregunta inevitable a la que hemos de prestar toda nuestra atención es precisamente aquella en la que todo esto empieza: ¿por qué un músico debería cursar un doctorado? ¿Qué gana a cambio? ¿Qué alicientes pueden llevarlo a dedicar años de su vida a una formación de este tipo, incluso si ésta está directamente ligada a su actividad artística?

Es un interesante ejercicio buscar las respuestas a estas preguntas. Las reduzco a seis, que me parecen sintetizar distintas actitudes, todas ellas respetables pero también muy distintas entre sí en forma y contenido, y a estas seis razones voy a dedicar los siguientes posts, dos respuestas al día. Como os podréis imaginar, dejo para el final las que más me importan, tanto es así que hoy empiezo por las más tangibles y concretas. No sé si para algunos serán las más importantes. Para mí no lo son, pero sé que todo suma, y que cada uno puede tener sus alicientes.

 

RAZÓN Nº 1: EL PRESTIGIO

Una primera razón (que es en realidad un conjunto de razones) es el prestigio, a veces sostenido por un mayor estatus profesional, otras veces materializado en una inyección de autoestima, a menudo aliñado por el reconocimiento de las personas de nuestro entorno. Nos cueste creerlo o no, hay países y entornos en los que tener el título de doctor cambia las relaciones interpersonales: en un país como Alemania, entre ser Frau X y ser Frau Dr. X existe una diferencia importante de trato y respeto (lo que bien puede compensarse con una sana carga de autoironía, como la de la tira cómica que inserto a continuación: cuando tengan ocasión, no dejen de visitar la mítica página de la que procede, www.phdcomics.com). Y todo ello puede estar acompañado de una significativa diferencia de sueldo: en Brasil, por ejemplo, un profesor de una Facultad de Música (institución análoga en muchos sentidos a un conservatorio europeo) pasa a cobrar automáticamente hasta un 40% más en el momento en que se doctora. Un aliciente nada despreciable para promover la formación del profesorado, ¿verdad?

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RAZÓN Nº 2: LAS SALIDAS PROFESIONALES

Por otra parte, en prácticamente todos los entornos universitarios del mundo, si eres doctor puedes optar a plazas a las que de otro modo no se puede acceder (en España, por ejemplo, las de “Titular”, “Contratado Doctor” y “Catedrático”). De momento, allá donde la enseñanza musical no se oferta en el marco universitario, esta situación parece lejana, pero en la medida en que se presione para dar a los conservatorios un estatus universitario (como está sucediendo en diversos países, y entre ellos España), puede que las cosas cambien rápidamente. Y al margen de estas situaciones hipotéticas, hay una innegable realidad curricular: de momento, los doctores en música en muchos países son muy escasos, y lo seguirán siendo durante varios años. Pero es probable que en Europa y en otras partes del mundo suceda en los próximos años algo parecido a lo que está sucediendo actualmente con los estudios de maestría: hasta hace poco los pianistas con un título de master eran una rareza, y en pocos años todo ha cambiado; en breve casi todo el mundo tendrá un master y para marcar alguna diferencia curricular habrá que subir un escalón.

 

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Ahora bien, todo lo que acabo de escribir no es, desde luego, un conjunto de razones que despierten mi mayor empatía. Sólo he empezado de aquí para recordar que el doctorado no es sólo una cuestión de elucubraciones intelectuales o elevados logros artísticos: es también un impulso a nuestra propia vida profesional y personal. Pero esto no se acaba aquí. He anunciado seis razones, y seis serán. Mañana seguiré con otras dos, mucho más golosas. ¡Que pasen un buen día, y que no falte una sonrisa!

 

N.B. Este post forma parte de una serie de textos escritos en agosto de 2013 con ocasión del convenio que Musikeon ha suscrito con la Universidad de Aveiro. A continuación, están los enlaces correspondientes a toda la serie y la página dedicada a dicho doctorado en la página web de Musikeon:

 

EVALUACIÓN CONTINUA, ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD Y OTRAS PRÁCTICAS DECIMONÓNICAS [Hacia un doctorado en música, 4]

Escrito por Luca Chiantore (agosto 2013)

En los estudios musicales, en las últimas décadas, se han implantado novedades curriculares que han obligado a muchos profesionales de la enseñanza a familiarizarse a marchas forzadas con un nuevo vocabulario. “Programación” y “unidades didácticas”, “objetivos” y “contenidos” no eran términos con los que muchos de nosotros hayamos crecido, como no era habitual para nuestros antecesores definir por escrito una “secuenciación” o unos “criterios de evaluación” para todo aquello que nos enseñaban.

Esto no quiere decir, sin embargo, que los conceptos que se esconden tras esos vocablos no estuvieran presentes en su pedagogía. Al contrario, la enseñanza instrumental ha cultivado a menudo actitudes pedagógicas que en otros entornos parecen logros recientes y todavía de aplicación muy compleja. Especialmente claro es el concepto de “evaluación continua”, evidentemente favorecido por el hecho de tratarse de una enseñanza individual: en una clase de instrumento siempre ha habido, de una u otra forma, una evaluación continuada de los progresos del alumno, marcada a menudo incluso por esa “atención a la diversidad” que tan importante parece hoy. ¿Qué profesor no aprecia los avances paulatinos del alumno que se esfuerza y se supera día a día? ¿Y qué profesor no se esfuerza de encontrar los caminos más adecuados a las especificidades físicas y psicológicas de su alumno, ya se trate de una mano con características insólitas o alguna minusvalía? Pero cuidado: esto no quiere decir que se trate únicamente de dar un nuevo nombre a lo que se ha hecho toda la vida: tras esos vocablos hay décadas de reflexión, y su implantación puede y debe ser una ocasión para renovar y enriquecer el conjunto de la vida docente.

Con el tema de los estudios de segundo y tercer ciclo, los que siguen al grado universitario correspondiente a la licenciatura o albachelor, sucede algo parecido. También en este caso, los actuales logros de la pedagogía tienen mucho en común con algunas prácticas sólidamente implantadas en la tradición musical. El marco legal actual, que en Europa y en otras partes del mundo se está renovando justo en estos años, intenta entre otras cosas organizar a través de maestrías y doctorados una etapa de estudios que desde siempre ha sido muy importante en la vida de un músico.

Lo de que “llegar al final de la carrera” no significa acabar de estudiar no es una novedad: ha sido siempre una evidencia por todos conocida, y no sólo porque un músico no acaba nunca de seguir perfeccionándose, durante toda su vida, sino porque precisamente los años inmediatamente sucesivos a la finalización de la carrera de piano siempre han sido los más importantes para orientar todo lo aprendido hasta el momento hacia la vida artística profesional. Hace falta perfeccionar la técnica, aprender nuevo repertorio, pero sobre todo acostumbrarse a lo que realmente se acabará haciendo a lo largo del resto de nuestra vida. Pero exactamente como en el caso de los nuevos planteamientos didácticos, no estamos actualmente delante de un simple “lavado de cara” (aunque algunos intenten que así sea: por pereza o por desconocimiento), y menos todavía de una forma de dar una cobertura legal a los estudios de siempre, sino ante un reto de magnitud histórica: dar un nuevo impulso a una realidad que por otro lado está constantemente en movimiento. El mundo artístico no es el mismo hoy que hace 50 años, y el de la enseñanza aún menos. Así que los últimos años de formación, que siempre han sido decisivos, deben ser encarados con especial sensibilidad hacia el mundo real actual, el mundo musical y cultural en el cual nos estamos desenvolviendo.

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De ahí la importancia de elegir adecuadamente, allá donde sea posible, los estudios de maestría. Pero esto es aún más cierto en el caso del doctorado, especialmente si hablamos de un doctoradoen música, y no –como ha sido hasta ahora en Europa− de doctorarse en musicología, disciplina noble donde las haya, pero paralelaa la actividad compositiva e interpretativa.

Como ha mostrado brillantemente Rubén López Cano en sus recientes escritos sobre el tema (en particular en "La investigación artística en los conservatorios del espacio educativo europeo: Discusiones, modelos y propuestas", 2013), la aplicacón de la idea de "investigación" al mundo artístico es un proceso más articulado y complejo de lo que podría pensarse en un primer momento. La propia división entre investigación sobre la práctica artística, investigación para la práctica artística e investigación a través de la práctica artística supone un auténtico reto para quien procede de una formación musical tradicional (y a este respecto son especialmente agudas las reflexiones de Rubén López Cano al respecto en el artículo que acabo de citar, cuya lectura aconsejo a todos los interesados en el tema). El caso es que la investigación es, por definición, una búsqueda de lo desconocido: de nuevas prácticas, nuevos conceptos, nuevas herramientas. 

Si hablamos de ser intérpretes, de ser creadores de música, entonces un doctorado en música debe ser un mundo distinto de cualquier otro: distinto de otros doctorados, y distinto también de lo que han sido nuestros estudios hasta ese momento. Un mundo fascinante y electrizante, donde construir la música del futuro. Nada menos.

 

N.B. Este post forma parte de una serie de textos escritos en agosto de 2013 con ocasión del convenio que Musikeon ha suscrito con la Universidad de Aveiro. A continuación, están los enlaces correspondientes a toda la serie y la página dedicada a dicho doctorado en la página web de Musikeon:

 

DOCTOR… ¿“EN MÚSICA”? [Hacia un doctorado en música, 3]

Escrito por Luca Chiantore (agosto 2013)

El doctorado, decíamos en el primer post de esta serie, es mucho más que un título de estudios: es un pivote en torno al cual gira la idea misma de los estudios universitarios, y donde se juega el reto de la creación del conocimiento. Pero ¿qué ha hecho la música ante el reto conceptual que supone un doctorado?

En gran parte del mundo, durante generaciones, la música no se ha dado por aludida. La musicología sí: de hecho, ella ha tomado forma, como disciplina, precisamente sobre esta idea, y lo ha hecho en un momento histórico y en un contexto cultural que veía en el marco universitario el espacio ideal para esa clase de estudios. Pero la música práctica, por lo general, no. Tanto la composición como la interpretación han recorrido un camino paralelo, a menudo dotado de fascinantes analogías (en particular en lo que respecta a las transformaciones del lenguaje compositivos de los últimos tres siglos) pero alejado de estas perspectivas.

doctorado12sapporoDe hecho, allá donde la música lleva generaciones enseñándose en la universidad (como en los Estados Unidos, referencia para muchos otros países), se ha sentido a veces (a veces, no siempre) la necesidad de crear unestatus doctoral a parte (Doctor in Musical ArtsD.M.A.) para diferenciar esa clase de estudios de aquéllos más ligados a la tradición universitaria (Philosophiae DoctorPh.D.), en los que sí se mueve sin dificultades la musicología.

En Estados Unidos, los Doctorados en Interpretación Musical se insertan en la larga y sólida tradición de los Doctorados Profesionales, un tipo de titulación que la Universidad de Columbia, pionera en este campo, fue entregando desde el lejano 1767. Y esa dimensión "profesional" es importante, porque -más allá del título y de lo que diga el diploma que se nos entrega al final- la investigación pura y el desarrollo de una actividad profesional (artística o docente, en nuestro caso) no tienen por qué ser dos dimensiones contrapuestas. De hecho, en otros países el proceso es opuesto (y ése el planteamiento de la Unviersidad de Aveiro): procurar que el marco sea el de un doctorado en investigación (un Ph.D,, por tanto), pero basado en la práctica musical.  

La realidad nos dice que un DMA, en los Estados Unidos y en los otros países que han adoptado esta fórmula, puede tener características muy diversassegún la universidad que lo imparte: en algunas la práctica interpretativa o la creación compositiva son el centro de todo, en otras la investigación ocupa un papel muy significativo, en algunas el acento está puesto en la dimensión divulgativa y en otras ocupa un papel predominante la dimensión analítica. De ahí que su relación con un PhD quede algunas veces poco definida (porque muchas son las similitudes) y en otros casos, por el contrario, muy clara e incluso, podría pensarse, demasiado clara (porque uno llega a veces a preguntarse qué hay de “doctoral” en determinados programas formativos).

A esto se le añade el problema de que el doctorado en música sólo existe en unos pocos países. Además de los Estados Unidos y Canadá, lo hallas con cierta sistematicidad en países tan diversos como Australia, Brasil, Reino Unido, Rusia o Polonia, y de forma más puntual en otros como México o Finlandia, pero hay otros países de gran tradición musical en los que en este momento directamente no existen programas doctorales para intérpretes.

España, en este momento, entra en esta última categoría. No está todavía claro si algún día los conservatorios o las universidades que están empezando a impartir estudios de grado y máster en música acabarán por impartir también un doctorado, pero esta perspectiva parece aún lejana. Y vaguísima es hasta el momento la percepción de la diferencia esencial entre un máster investigador y otro profesionalizador. El caso es que el estudiante que realmente quiere seguir sus estudios de música se encuentra a menudo ante un vacío.

Es un vacío que yo personalmente, y todos en Musikeon, veíamos acercarse a marchas forzadas. Y hemos trabajado para ofrecer respuestas. Respuestas ajustadas a lo que realmente sabemos hacer, para compartir lo que sabemos y, entre todos, crear conocimiento. Mañana, más.

 


N.B. Este post forma parte de una serie de textos escritos en agosto de 2013 con ocasión del convenio que Musikeon ha suscrito con la Universidad de Aveiro. A continuación, están los enlaces correspondientes a toda la serie y la página dedicada a dicho doctorado en la página web de Musikeon:

 

ACABO LA CARRERA… ¿Y AHORA QUÉ? [Hacia un doctorado en música, 2]

Escrito por Luca Chiantore (agosto 2013)

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Último año de la carrera de piano. Últimos meses de la carrera de piano. Últimas semanas de la carrera de piano. Acabas el proyecto fin de carrera. Realizas un concierto fin de carrera, te entregan tus notas, pagas tus tasas, tienes oficialmente un título. Has acabado tus estudios: fin de la carrera de piano.

¿¡Fin!?... ¡No! Eso era antes (y tampoco, porque casi todo el mundo seguía estudiando). Ahora, desde luego, aquél no es ningún “final”. Si quieres dedicarte profesionalmente a la música, tienes mucho camino por recorrer. Y los marcos legislativos, desde hace un tiempo, nos lo recuerdan, organizando oficialmente los estudios de posgrado según la estructura universitaria repartida en los niveles de master y doctorado.

Es aquí cuando descubres que lo que hasta entonces era un camino, se presenta ahora como un entramado de vías diversas. Nos rodean programas formativos de toda índole, cuyos títulos no siempre consiguen dar una idea precisa de los contenidos, y que intentan adaptarse a estructuras curriculares raras veces pensadas en función de las necesidades de los músicos.

El caso español es, en este sentido, muy claro. Pero pone de manifiesto un problema sistémico en los estudios musicales a nivel internacional. Al ser España uno de los pocos países europeos que han optado por repartir en cuatro años (240 ECTS) los estudios de 1r ciclo (Grado, Licenciatura o Estudios Superiores: no importa aquí su denominación), la extensión habitual de un estudio de 2º ciclo (Master, o “Maestría”, según la denominación latinoamericana) queda reducida a un solo año (60 ECTS). Esta corta duración quizás sea adecuada para otras carreras (cosa de que, de todos modos, nos permitimos dudar), pero desde luego no cumple con las necesidades formativas del músico.

Nos guste o no, la formación que en Europa se adquiere tradicionalmente en los conservatorios o en instituciones equivalentes no está pensada como una “especialización profesional”, sino como un conjunto de conocimientos lo suficientemente sólidos como para abarcar destinos laborales y artísticos muy distintos entre sí. Y es bueno que así sea, porque esos destinos son efectivamente diferenciados: sólo una pequeña parte de los músicos que reciben en un conservatorio una formación muy centrada en la formación instrumental acaba luego por vivir de tocar en público ese mismo repertorio, y si se dedican a la enseñanza es probable que lo hagan dando clase a alumnos de edades, expectativas y necesidades muy distintas de las de un conservatorio de nivel superior.

Todo esto es especialmente cierto en el caso de los pianistas: con la carrera de piano podemos acabar trabajando como colaboradores de cantantes, como acompañantes de danza, como especialistas en música contemporánea, o en interpretación con teclados históricos, o en iniciación musical y en otras tantas ramas de la educación musical, pero éstos y tantos otros caminos profesionales necesitan de una formación específica, que la carrera oficial no suele proporcionar.

Para ello deberían estar los masters, los programas de maestría posteriores a la licenciatura. Pero la realidad es que sólo una mínima parte de ellos (y no sólo en el mundo hispanohablante, sino en el mundo entero) están diseñados con el fin de ofrecer una formación instrumental y profesional específica, orientada al desarrollo de una actividad concreta en el marco del mundo artístico. E incluso cuando algunos de ellos lo intentan, los famosos 60 créditos ECTS se convierten en una limitación difícil de sortear, porque en un año se puede hacer poco, si de lo que se trata es de aportar una formación orgánica en una rama en que no se tiene una experiencia profesional específica.

A este aspecto, ya de por sí muy importante, se agrega un segundo problema, que en realidad siempre ha estado allí aunque casi nadie lo quisiera ver, y que la vinculación con el mundo universitario ha puesto ahora sobre la mesa. Los estudios de segundo ciclo (masters y posgrados diversos) tienen en realidad dos orientaciones, una profesionalizadora (y allí debería ser claro el camino profesional, la idea de una especialización) y otra investigadora (orientada, por tanto, al doctorado, y en la que la investigación debe a ese punto estar directamente focalizada a la creación de aquel “nuevo conocimiento” del que ya hablamos ayer).

Ahora bien: si el máster investigador da acceso a un doctorado, ¿a qué doctorado? ¿A un doctorado en musicología? Si no hemos realizado estudios de musicología, ésta es una posibilidad realmente aventurada. Y si pensamos en un doctorado en música, es decir un doctorado en composición o en interpretación musical, allí sí que nos encontramos ante una realidad desconcertante. En España, pero también en muchos otros países. ¿Os habéis encontrado en esta situación? Si la respuesta es sí, entonces es muy probable que sepáis perfectamente de qué hablo. Seguiré haciéndolo en los próximos días. Mañana, más.



N.B. Este post forma parte de una serie de textos escritos en agosto de 2013 con ocasión del convenio que Musikeon ha suscrito con la Universidad de Aveiro. A continuación, están los enlaces correspondientes a toda la serie y la página dedicada a dicho doctorado en la página web de Musikeon:

 

EL DOCTORADO: ¡QUÉ IDEA! [Hacia un doctorado en música, 1]

Escrito por Luca Chiantore (agosto 2013)

El doctorado es el máximo nivel de los estudios universitarios. Y es también el espacio que, en cierta medida, da sentido a la existencia de la propia universidad. Porque la universidad no existe únicamente para transmitir el conocimiento actual a las jóvenes generaciones (una tarea muy noble, por otra parte, que desde la edad infantil llega hasta los propios estudios de licenciatura) ni para prepararse adecuadamente al desarrollo de una actividad laboral que necesite de esa formación superior (para lo cual existen másters específicos), sino para impulsar la investigación y alcanzar con ella nuevo conocimiento.

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La tesis doctoral es la pieza clave de ese edificio, porque su propia existencia se basa en la búsqueda de nuevos caminos, nuevas respuestas, nuevas soluciones a problemas antiguos o de nuevo cuño. En cualquier caso, se trata de pisar por donde nadie ha pisado antes.

Esa, por lo menos, es la idea. Luego, como siempre, está la realidad, a veces muy distante de cualquier mundo ideal. Pero en el marco de esa idea –una idea que no es otra sino la de un trabajo colectivo en el que cada uno busca algo nuevo y entre todos se progresa, generación tras generación− la humanidad ha conseguido logros extraordinarios.

¿Y la música, se dirá, qué pinta en todo esto? Pinta, y mucho. Ahora más que nunca: ahora que tanto se habla de la relación entre los conservatorios y la universidad (en España, en particular, pero no sólo allí) y ahora que en toda Europa el nuevo marco de Educación Superior ha impulsado los distintos países a legislar para dar cobertura a los estudios que se extienden más allá del tradicional “Título superior” o el “Diploma”, que en el mejor de los casos coincidirían con una licenciatura.

Pero una cosa es crear un marco legislativo y curricular, y otra bien distinta es el día a día del músico que quiere perfeccionarse para moverse con éxito en el mundo artístico, ¿verdad? Todos lo sabemos, y por otra parte es cierto que esos marcos legales tienen su lógica, y a menudo condicionan (positiva o negativamente) generaciones enteras de músicos.

Así que nos conviene entenderlos bien, y aprovecharlos de la mejor manera posible. Y aún más cuando en su propio diseño están explícitamente mencionados conceptos tan fascinantes como “conocimiento”, “investigación” y “creación”. Conceptos que deberían casar de un modo muy natural con el mundo artístico, pero que precisamente en el caso de la interpretación clásica representan un reto más complejo de lo que habitualmente se piensa.

De esto, precisamente, hablaré en estos próximos posts. Van a ser uno por día, así que… ¡hasta mañana!

 

N.B. Este post forma parte de una serie de textos escritos en agosto de 2013 con ocasión del convenio que Musikeon ha suscrito con la Universidad de Aveiro. A continuación, están los enlaces correspondientes a toda la serie y la página dedicada a dicho doctorado en la página web de Musikeon:

 

Hacia un doctorado en música: una reflexión preliminar

Escrito por Luca Chiantore (agosto 2013)

Empezamos con este post una serie de textos relacionados con el Doctorado en Música que culmina la oferta formativa de Musikeon: el Doctorado en Música de la Universidad de Aveiro, prestigiosa institución con la que firmamos a principios de 2013 un convenio que nos llena de ilusión y sentido de la responsabilidad.

La posibilidad de realizar un doctorado en música, centrado en la creación y en la interpretación musical, es un sueño que yo personalmente y muchos colaboradores de Musikeon hemos madurado durante años. La oportunidad de hacerlo con la Universidad de Aveiro, gracias al convenio que tenemos con ellos desde 2013, supera, no obstante, cualquier expectativa: en Aveiro nació el Performa, congreso de referencia internacional para la investigación sobre interpretación, y a esa prestigiosa universidad portuguesa acuden cada año para cursar sus estudios de grado y posgrado estudiantes de docenas de nacionalidades distintas.

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Uno de los motivos del éxito de Aveiro y de su doctorado reside precisamente en la posibilidad que ofrece, a intérpretes y compositores, de recibir un título de doctorado centrado en su propia actividad. Ninguna institución en España, en Francia, en Italia, en la propia Alemania, tiene un programa doctoral parecido, y lo mismo puede decirse de diversos países latinoamericanos y de otros continentes.

El convenio entre Musikeon y la Universidad de Aveiro permite potenciar las líneas de investigación más ligadas al mundo del piano, los teclados históricos y la interpretación experimental del repertorio clásico. Este acuerdo supone una inmejorable posibilidad para que muchos pianistas que disponen de un título de master puedan culminar sus estudios con un doctorado ya consolidado, realizado en el marco de una institución prestigiosa y con un profesorado especializado. Y todo ello compaginando el rigor metodológico con la experiencia práctica: a lo largo de este doctorado se tienen que preparar cuatro distintos recitales y defender la tesis con un formato mixto que integra teoría y práctica.

Para mí, personalmente, se trata de un reto fascinante, que permite canalizar las peticiones que periódicamente recibo de parte de estudiantes españoles y latinoamericanos para que les dirija tesis doctorales relacionadas con el piano. Por ello hemos preparado una serie de posts que ayuden a comprender mejor la situación, y la importancia de que se abra esta oportunidad de estudio, precisamente en este momento de incertidumbre para muchos, en Europa y en el mundo. ¡Buena lectura!

 

 

N.B. Este post forma parte de una serie de textos escritos en agosto de 2013 con ocasión del convenio que Musikeon ha suscrito con la Universidad de Aveiro. A continuación, están los enlaces correspondientes a toda la serie y la página dedicada a dicho doctorado en la página web de Musikeon:

 

La increíble historia del piano de Bernal Heights

Escrito por Luca Chiantore (copyleft julio 2013)

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Estaba destinado al desguace: era (y es) un piano como hay mil otros, ya demasiado viejo para casi cualquier cosa. Pero las ideas mueven el mundo, y la que ha tenido Todd, su antiguo propietario, es precisamente eso: una idea.

Ese piano, el que ya todos conocen como "el piano de Bernal Heights", se ha convertido en estos últimos días en un fenómeno del que hablan los periódicos de medio mundo, además de una cita obligada para muchos habitantes de San Francisco. 

Todd necesitaba desprenderse de ese piano. Pero quería hacerlo de una forma especial. Y para ello quiso encontrar un lugar inusual para vivir entre amigos una velada musical diferente: una última velada para decirle adiós a ese viejo instrumento.

Dicho y hecho. Todd y otras cinco personas, con una furgoneta, llevaron el piano hasta la cumbre del parque de Bernal Heights, desde cuya colina se goza de una extraordinaria vista sobre la ciudad. El sitio ideal para pasar una tarde de música al aire libre; lo normal habría sido una guitarra y una harmónica, pero... ¿por qué no hacer música con un piano, ya que tenían uno y ya no servía?

Sin embargo, se corrió la voz. La que debía ser una cita entre pocos conocidos congregó a más de 200 personas. Todavía no está claro cómo pudo ser, porque nadie se encargó de la difusión de la noticia. Pero allí estaba la gente, dispuesta a vivir una noche fuera de lo común. Pero esa noche pasó y el piano, al acabar, se quedó. ¿Olvidado? No. 

En los días siguientes empezó a hablarse del piano de Bernal Heights, empezó a subir gente, por la noche empezó pronto a haber cola para tocar, y mucha gente sólo subía para escuchar. Escuchar y tocar lo que fuera: Mozart, jazz, Chopin, mucha música new age. Y entre los intérpretes hay pianistas amateur, estudiantes avanzados e incluso algún que otro profesional, por lo visto. Desde hace unos días Youtube se está empezando a llenar de videos de todo tipo (algunos muy caseros, otros más elaborados), que dan una idea del ambiente y también del variado muestrario de estéticas que allí se alternan; hay posts que describen la experiencia que supone estar allí, y artículos en prestigiosos periódicos que hablan de la curiosidad del momento.

No sabemos cuanto durará toda la aventura, quén se encargará de la afinación y el mantenimiento en el futuro. Pero la idea de Todd ha sabido crear el acontecimiento musical del verano, en San Francisco. Un acontecimiento que, como todos los eventos que realmente valen la pena, es en realidad una creación colectiva, surgida de la interacción y la participación de quienes han sabido ver en ese viejo piano vertical la ocasión para vivir la música de una forma diferente.

 

Marlos Nobre y la Orquestra Sinfônica do Recife: toda una lección de vida

Escrito por Luca Chiantore (junio 2013)

blognobre1El reciente e inesperado nombramiento de Marlos Nobre como director titular de la Orquesta Sinfónica de Recife podría parecer un hecho coyuntural, ligado a los avatares contractuales de una orquesta entre tantas, y en cambio es un evento ejemplar, cargado de implicaciones. Lo es, fundamentalmente, por tres razones.

En primer lugar, según hemos podido entender de la prensa y de las declaraciones del propio Nobre, este nombramiento es el producto de una intervención directa de unos políticos (el joven alcalde de Recife, Geraldo Julio, y la secretaria de Cultura Leda Alves), que ante el abandono de la vida musical de una ciudad toman personalmente las riendas de una situación problemática y realizan un viraje decisivo, a sorpresa. La orquesta es la más antigua de Brasil, posee una larga y prestigiosa historia, pero estaba atravesando un período de profunda crisis, que a muchos había hecho suponer una pronta desaparición. Y para solventar el problema, en lugar de la clásica ceguera a la que estamos tan acostumbrados, el alcalde en persona optó por contratar nada menos que el mayor compositor brasileño vivo, dándole plena confianza para una reestructuración radical de la situación.

El nombramiento es tan significativo también porque supone apostar por la música contemporánea como pilar ineludible en una propuesta que mira a la revitalización de la vida musical de una ciudad entera, una ciudad como Recife cuya área metropolitana (más de 4 millones de habitantes) es la tercera de todo Brasil, tras São Paulo y Rio de Janeiro, y que es a su vez referente ineludible para todo el noreste del país. Habrá que esperar para ver qué tipo de programación y en qué tipo de actividades concretas se materializará este compromiso, pero de entrada resulta sumamente alentador esta confianza, otorgada además a un creador que siempre se ha caracterizado por su rechazo de cualquier dogma y cualquier barrera estilística.

Pero esta nueva titularidad en la Orquesta Sinfónica de Recife me parece tan emblemático sobre todo por otra razón, y me refiero al propio hecho de que Marlos Nobre haya aceptado el cargo. Nobre, 74 años, es con diferencia el compositor más importante de Brasil y el más conocido a nivel internacional. Aunque en el pasado desarrolló una intensa actividad como pianista y también como director de orquesta que sigue realizando puntualmente en la actualidad, Nobre no necesitaba en absoluto ese puesto: no lo necesitaba para afianzar su carrera, ni su nombre, ni sus ingresos.

No era Marlos Nobre el que necesitaba el puesto: era ese puesto que necesitaba a Marlos Nobre. No lo he hablado con él, cuando hace dos semanas David Ortolà y yo lo visitamos en su casa de Rio de Janeiro y tocamos para él, porque el nombramiento ha sido repentino, posterior a aquella hermosa velada, pero estoy seguro de que Nobre ha aceptado ese cargo muy consciente del enorme desgaste que su nueva tarea supondrá, y habrá optado por aceptar el ofrecimiento únicamente pensando en lo que él puede aportar a esa ciudad, que es la ciudad que le vio nacer. Siempre sintió muy suya la música y la cultura de esa región tan característica, el noreste de Brasil. Y sin embargo Nobre está afincado desde hace una vida en Rio de Janeiro, a miles de kilómetros de distancia.

Para él, ser director estable de la Orquesta Sinfónica de Recife supondrá un esfuerzo físico y logístico colosal; supondrá restar a la composición y a la interpretación de sus obras muchísimas horas (y cualquier compositor sabe cuánto cuesta todo eso) y supondrá meter de repente en su vida una serie de preocupaciones que a los 74 años muchos quieren, legítimamente, dejar atrás. Nobre, en cambio, las ha aceptado.

Yo personalmente, y todos en Musikeon, le deseamos toda la suerte del mundo, y lo hacemos con una admiración que va mucho más allá todavía de la que ya sentimos por su música, a menudo realmente maravillosa: es la admiración hacia alguien que se siente parte activa en una sociedad viva y en movimiento. Una sociedad que tanto necesita de personas comprometidas, capaces de ver más allá de su propia comodidad y de su realización personal. Parabéns, Maestro: nos acaba de dar toda una lección de vida.