Era marzo del año pasado y los compañeros del máster de composición electroacústica y yo, comandados por Alberto Bernal, asistimos a una exposición retrospectiva sobre la obra de Jim Campbell, artista que lleva años trabajando con el led y la distorsión y el filtrado de imágenes previas para crear objetos donde el ojo recompone imágenes en movimiento, a manera de revisitación de la técnica puntillista. Con el título Ritmos de Luz, la exposición tenía lugar en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid.

Como yo iba sin expectativas, me dejé sorprender por el virtuosismo de aquellos cuadros de luz en movimiento y sobre todo por instalaciones espectaculares como Tilted Plane, una habitación oscura con unas ciento y pico bombillas en un plano oblícuo perfecto –y entre las cuales el visitante puede caminar–, cuyo filtrado en la iluminación parecía evocar el vuelo de unos pájaros.

Tras una borrachera de obras impresionantes, todas delicadamente configuradas mediante el uso de diminutos leds en diversas disposiciones geométricas y proyectando imágenes filtradas en movimiento, me topé con una habitación oscura con unas pocas luces a ritmos mucho más lentos. La instalación se llamaba Last Day In The Beginning Of March, y estaba dedicada al último día de vida del hermano del artista. No sé más detalles de la situación que generó la obra, pero sí que se trataba de la habitación más grande de la exposición, y equipada con el menor número de focos, un total de 26. Cada una de estas luces estaba conectada a una emoción distinta que el hermano del artista sintió el día de su muerte, por lo que algunas se encendían y apagaban agitadamente mientras que otras lo hacían a un ritmo más sereno.

Tras el despliegue de virtuosismo de las otras instalaciones y las obras precedentes, encontrarme súbitamente en esa gran habitación con tan pocas bombillas y con una carga emocional tan grave me emocionó profundamente. Estaba solo en aquel momento, por lo que dejé fluir mis emociones dentro la instalación, abrumado por lo muchísimo que me evocaba cada una de esas escasísimas 26 lámparas titilando en diversos ritmos en medio la oscuridad.

Lloré.

Y seguidamente advertí que la exposición en conjunto tenía una estructura formidable, con cualidades muy musicales: expresar lo más profundo con el menor número de elementos, justo después de haber dicho un montón de otras cosas mediante los dispositivos más sofisticados. En aquel momento decidí que ésa sería la estructua de una de mis dos composiciones final de máster, en este caso para piano con Max/MSP.

Medio año más tarde, a finales de septiembre, la tragedia golpeó nuestras vidas. Nuestro irremplazable amigo Diego Ghymers moría en un accidente de coche. Artista genial y amigo generoso, un idealista y un maestro en lo profesional y en lo personal, no tengo constancia de haber compartido tanta iconoclastia en cuanto a gustos musicales y en cuanto a la mezcla de todos ellos como en las conversaciones que yo tenía con él. Sólo diez meses mayor que yo, sentí que perdía una especie de hermano musical.

En ese momento Luca y yo nos encontrábamos terminando una obra que estábamos deseando que Diego escuchara antes de su estreno en la Fundación March. No queríamos que fuese en su memoria. Yo me sigo dando cabezazos en la pared cada vez que lo pienso. No queríamos componer en tu memoria, hermano. Te queríamos presente, escuchando la nueva composición.

Unas semanas más tarde diseñé otra composición semiimprovisada para piano y SuperCollider para el festival de la AMEE, también en memoria de Diego.

Finalmente me puse manos a la obra con la idea de crear una composición basada en mi experiencia en la exposición de Jim Campbell, algo que por cierto refracta la experiencia de Mussorgski y su amistad con Viktor Hartmann, colección de sucesos que lleva ya cuatro años acompañándonos a Luca y a mí por medio mundo. Y es que los Tropos sobre los Cuadros de una Exposición acaban teniendo mucho en común con esta tercera composición que he decidido dedicar en memoria de nuestro querido Diego.

Como no me pude despedir de él, el título de esta obra parafrasea al de la instalación de Jim Campbell que tanto me impactó hace un año. No Last Day In The End Of September es la despedida que nunca pude verbalizar con mi amigo Diego. Compuesta con una estructura temporal proporcional a la que experimenté en la retrospectiva de Campbell, para la parte acústica he usado amalgamas armónicas evocando la propagación de diversos tipos de luz en el espacio, y para la parte electrónica he montado alrededor de un centenar de patches mediante los cuales he usado varios tipos de filtrado y distorsión del sonido del piano, como reflejo a lo que Campbell hace con la luz. Y, del mismo modo que en mi experiencia en aquella exposición, trato de expresar las emociones más significativas con el mínimo número de notas, todas aquellas cosas que me gustaría haberle podido decir a Diego pero nunca pudo ser. En consonancia con la estructura de Last Day In The Beginning Of March, he tratado de situar el clímax expresivo entre los minutos 15’03’’ y 20’46’’ de la composición, mediante 26 sencillos tipos de acordes de luz, que en la parte acústica se prolongan mediante unas pocas notas y en la parte electrónica son filtrados –titilan– mediante 12 modulaciones de amplitud a ritmos más cercanos a la emoción humana, en oposición a los otros filtros y distorsiones que plagan el resto de la composición.


P.S. – Hace un par de semanas expuse al propio Jim Campbell estas ideas con la intención de pedirle permiso para usar una paráfrasis de su título en esta obra. Para mi sorpresa, Jim Campbell respondió unos pocos días más tarde con las siguientes palabras:

“Dear David,

Thank you for sharing your response to my work Last Day…
Of course I am happy to have your title reference the title of my work. Personally I think Last Day is the most important work that I’ve done, so I appreciate that you sent me your response to the work. Having a few people have a meaningful experience with my work makes it worthwhile.
It’s good to know that I didn’t just make the work for myself.

Best Regards,

Jim”

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