Escrito por Luca Chiantore (agosto 2013)

El doctorado, decíamos en el primer post de esta serie, es mucho más que un título de estudios: es un pivote en torno al cual gira la idea misma de los estudios universitarios, y donde se juega el reto de la creación del conocimiento. Pero ¿qué ha hecho la música ante el reto conceptual que supone un doctorado?

En gran parte del mundo, durante generaciones, la música no se ha dado por aludida. La musicología sí: de hecho, ella ha tomado forma, como disciplina, precisamente sobre esta idea, y lo ha hecho en un momento histórico y en un contexto cultural que veía en el marco universitario el espacio ideal para esa clase de estudios. Pero la música práctica, por lo general, no. Tanto la composición como la interpretación han recorrido un camino paralelo, a menudo dotado de fascinantes analogías (en particular en lo que respecta a las transformaciones del lenguaje compositivos de los últimos tres siglos) pero alejado de estas perspectivas.

doctorado12sapporoDe hecho, allá donde la música lleva generaciones enseñándose en la universidad (como en los Estados Unidos, referencia para muchos otros países), se ha sentido a veces (a veces, no siempre) la necesidad de crear unestatus doctoral a parte (Doctor in Musical ArtsD.M.A.) para diferenciar esa clase de estudios de aquéllos más ligados a la tradición universitaria (Philosophiae DoctorPh.D.), en los que sí se mueve sin dificultades la musicología.

En Estados Unidos, los Doctorados en Interpretación Musical se insertan en la larga y sólida tradición de los Doctorados Profesionales, un tipo de titulación que la Universidad de Columbia, pionera en este campo, fue entregando desde el lejano 1767. Y esa dimensión "profesional" es importante, porque -más allá del título y de lo que diga el diploma que se nos entrega al final- la investigación pura y el desarrollo de una actividad profesional (artística o docente, en nuestro caso) no tienen por qué ser dos dimensiones contrapuestas. De hecho, en otros países el proceso es opuesto (y ése el planteamiento de la Unviersidad de Aveiro): procurar que el marco sea el de un doctorado en investigación (un Ph.D,, por tanto), pero basado en la práctica musical.  

La realidad nos dice que un DMA, en los Estados Unidos y en los otros países que han adoptado esta fórmula, puede tener características muy diversassegún la universidad que lo imparte: en algunas la práctica interpretativa o la creación compositiva son el centro de todo, en otras la investigación ocupa un papel muy significativo, en algunas el acento está puesto en la dimensión divulgativa y en otras ocupa un papel predominante la dimensión analítica. De ahí que su relación con un PhD quede algunas veces poco definida (porque muchas son las similitudes) y en otros casos, por el contrario, muy clara e incluso, podría pensarse, demasiado clara (porque uno llega a veces a preguntarse qué hay de “doctoral” en determinados programas formativos).

A esto se le añade el problema de que el doctorado en música sólo existe en unos pocos países. Además de los Estados Unidos y Canadá, lo hallas con cierta sistematicidad en países tan diversos como Australia, Brasil, Reino Unido, Rusia o Polonia, y de forma más puntual en otros como México o Finlandia, pero hay otros países de gran tradición musical en los que en este momento directamente no existen programas doctorales para intérpretes.

España, en este momento, entra en esta última categoría. No está todavía claro si algún día los conservatorios o las universidades que están empezando a impartir estudios de grado y máster en música acabarán por impartir también un doctorado, pero esta perspectiva parece aún lejana. Y vaguísima es hasta el momento la percepción de la diferencia esencial entre un máster investigador y otro profesionalizador. El caso es que el estudiante que realmente quiere seguir sus estudios de música se encuentra a menudo ante un vacío.

Es un vacío que yo personalmente, y todos en Musikeon, veíamos acercarse a marchas forzadas. Y hemos trabajado para ofrecer respuestas. Respuestas ajustadas a lo que realmente sabemos hacer, para compartir lo que sabemos y, entre todos, crear conocimiento. Mañana, más.

 

N.B. Este post forma parte de una serie de textos escritos en agosto de 2013 con ocasión del convenio que Musikeon ha suscrito con la Universidad de Aveiro. A continuación, están los enlaces correspondientes a toda la serie y la página dedicada a dicho doctorado en la página web de Musikeon:

 

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